¿Podemos confiar en el producto que nos ofertan las compañías de seguros?


Se define un contrato de seguro como el pago de una prima a una compañía aseguradora para indemnizar el daño ocurrido.  Siempre se ha dicho que mejor ser precavido que curar lo sucedido, pero ¿hemos de ser tan cautos? Prever ciertos daños puede ser lógico, pues por ejemplo los accidentes de coches suceden a diario, pero …. ¿hemos de asegurarlo todo? ¿Debemos creer en este producto?

En esta sociedad de consumo en la que vivimos, tendemos a asegurar no solo nuestros coches, casas y vidas…sino también nuestros pequeños teléfonos móviles, las mascotas y las joyas. ¿Tanto valor tienen estos pequeños items como para asegurarlos anualmente? ¿Qué coberturas nos ofrecen los productos de seguros para cubrir los daños? Hoy en día pagamos una cantidad adicional al producto que adquirimos  solo por la tranquilidad que nos aporta el prever una futura rotura o pérdida…. Pero debemos cuestionarnos si ese pago adicional, cubre lo que creemos, y aseguran el producto como confiamos.

¿Sabemos lo que estamos comprando? Hemos creado una sociedad menos respetuosa con la propiedad, ya damos por hecho que lo que compramos se romperá, estropeará, o será sustraído. ¿Es la solución contratar el seguro? No todo el mundo contestaría sí a esa pregunta. No podemos considerar desde el principio que existirá una incidencia con lo que adquirimos y mucho menos debemos lucrar a estas multinacionales por un temor infundido por una corriente social de consumo irracional. Las aseguradoras conocen este temor a la pérdida material, y bombardean constantemente a través de los medios de comunicación la utilidad de sus productos ante ese temor. No debemos confiar todo lo que nos  venden, tenemos que contrastar las coberturas y servicios de estos productos y si realmente conviene adquirirlos o simplemente intentar conservar de manera personal el producto. Pensemos antes de adquirir lo que compramos.